Programa de Escuela Sabática para el Día del Espíritu de Profecía

La concesión del Espíritu de Profecía (Sermón)

Orientación Profética Para el Pueblo de Dios

(Por Pastor Marcelo Solís)[i]

Propósito de programa

Conocer la importancia del don profético para el pueblo de Dios y estimular a los oyentes a leer los libros del Espíritu de Profecía.

Al Director

De ser posible preparar el ambiente como una oficina o un escritorio, donde la señora Elena G. de White redacte sus cartas y consejos para la iglesia. Ella también contestará preguntas que le hagan algunas personas sobre temas importantes que proporcionarán mucha ayuda espiritual al pueblo de Dios.

Los participantes leerán las cartas y/o consejos que la señora White les entregue para la iglesia. Estos mensajes ella debe dárselos en un papel enrollado o dentro de un sobrecito para que se muestren más presentables ante la congregación.

Recomendaciones

  1. En una mesa poner algunos libros de Elena G. de White.
  2. La participante que represente a la señora White debe vestirse parecido a ella en su época.
  3. Colocar carteles con citas del Espíritu de Profecía en partes visibles de la iglesia.
  4. Obsequiar el libro Eventos de los Últimos Días. Ahora está en una promoción especial de $ 2.00. O El Camino a Cristo que está a $ 1.00, precio de súper-promoción.
  5. Invitar al pastor del distrito (de ser posible) o a un anciano de iglesia para que les hable de la importancia espiritual de leer los escritos de Elena G. de White.

“Nada hace Dios, el Señor, sin revelar su secreto a sus siervos los profetas”

 (Amós 3:7).

INTRODUCCIÓN

–Director del programa: Da la bienvenida.

“No apaguen el Espíritu, no desprecien las profecías, sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:19-21). Estas palabras inspiradas del apóstol Pablo nos exhortan a prestarle atención a los mensajes proféticos.

Todos los escritos proféticos, si son acordes a la Biblia, merecen nuestra plena adhesión. Ahora bien, el profeta usa el lenguaje de su tiempo y escribe en un contexto sociocultural y espiritual determinado, a veces muy diferente del nuestro, y en ocasiones aplica principios generales a casos individuales.

Afortunadamente, la Iglesia Adventista del Séptimo Día cuenta con la bendición de consejos y mensajes proféticos para edificación del cuerpo de Cristo. Esta mañana seremos edificados mediante los consejos inspirados que desde hace más de un siglo hemos estado recibiendo como pueblo de Dios. Así, sean muy bienvenidos a la iglesia del Señor y por favor, presten mucha atención a lo que sigue.

Sra. Elena G. de White

(Sentada en su escritorio, escribe, pero a la vez lee en voz alta las siguientes palabras):

“Mientras estaba orando ante el altar de la familia, el Espíritu Santo descendió sobre mí, y me pareció que me elevaba más y más, muy por encima del tenebroso mundo.  Miré hacia la tierra para buscar al pueblo adventista, pero no lo hallé en parte alguna, y entonces una voz me dijo: “Vuelve a mirar un poco más arriba.” Alcé los ojos y vi un sendero recto y angosto trazado muy por encima del mundo.  El pueblo adventista andaba por ese sendero, en dirección a la ciudad que se veía en su último extremo.  En el comienzo del sendero, detrás de los que ya andaban, había una brillante luz, que, según me dijo un ángel, era el “clamor de media noche.” Esta luz brillaba a todo lo largo del sendero, y alumbraba los pies de los caminantes para que no tropezaran” (Primeros escritos, p. 15).

Dios se complace en que su pueblo eleve himnos de alabanzas a su nombre. Por eso deseo invitarlos a que todos entonemos las notas del himno: “Entonad un himno” (Nº 306).

Hermano Carlos

(Entra y saluda cordialmente a la señora de White y le pregunta):

Hermana Elena, he escuchado mucho de cómo Dios le ha dado mensajes maravillosos para su pueblo santo. Sin embargo, deseo preguntarle lo siguiente:

¿En qué momento de la historia de nuestro mundo estamos viviendo, según le ha mostrado el Señor?

 

 

Elena G. de White

(Se levanta y toma un libro en su mano, lo abre y le lee el siguiente párrafo):

“Estamos viviendo en el tiempo del fin. El presto cumplimiento de las señales de los tiempos proclama la inminencia de la venida de nuestro Señor. La época en que vivimos es importante y solemne. El Espíritu de Dios se está retirando gradual pero ciertamente de la tierra. Ya están cayendo juicios y plagas sobre los que desprecian la gracia de Dios. Las calamidades en tierra y mar, la inestabilidad social, las amenazas de guerra, como portentosos presagios, anuncian la proximidad de acontecimientos de la mayor gravedad” (Joyas de los testimonios, tomo 3, p. 280).

Hermano Carlos

(Sorprendido, le dice):

Hermana Elena, eso significa que estamos viviendo en los últimos tiempos antes de la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo. Y dígame, ¿Qué pasará con la Iglesia Adventista del Séptimo Día en los momentos más oscuros de la historia?

Elena G. de White

(Le entrega un papel al hermano Carlos y le pide que se lo lea a la iglesia. El mensaje dice como sigue):

Hermano Carlos

(Lee el mensaje de la hermana White):

“Pruebas terribles esperan al pueblo de Dios. El espíritu de guerra agita a las naciones desde un cabo de la tierra hasta el otro. Mas a través del tiempo de angustia que se avecina –un tiempo de angustia como no lo hubo desde que existe nación–, el pueblo de Dios permanecerá inconmovible. Satanás y su ejército no podrán destruirlo, porque ángeles poderosos lo protegerán” (Joyas de los testimonios, tomo 3, p. 286).

Siendo que todo esto nos espera, los invito a que nos arrodillemos a continuación para elevar una oración al Señor. Busquemos su protección para ese momento tan difícil, imploremos por su divina dirección en medio de este mundo lleno de tinieblas y errores, y busquemos vivir bajo su presencia siempre. (Hace la oración de rodillas).

Hermana Karla

(Entra con una sonrisa y saluda fervientemente a la hermana de White):

Buenos días hermana White, después de escuchar lo que el hermano Carlos nos ha dicho, como directora de Ministerios personales de mi iglesia local, deseara saber qué consejo nos daría usted de lo que la iglesia debemos estar haciendo ahora. Porque a la verdad, estoy muy interesada en saber el consejo que Dios ha dado a su pueblo por medio suyo.

Elena G. de White:

(Toma otro libro y lee lo siguiente):

“Vi que no debemos retrasar la venida del Señor. Dijo el ángel: ‘Preparaos, preparaos, para lo que va a venir sobre la tierra. Correspondan vuestras obras a vuestra fe.’ Vi que el ánimo debe apoyarse en Dios, que debemos ejercer nuestra influencia a favor de Dios y su verdad. No podemos honrar al Señor mientras seamos negligentes e indiferentes. No podemos glorificarle cuando estamos descorazonados. Debemos tener fervor para asegurar nuestra propia salvación, y para salvar a otros. Debemos conceder suma importancia a esto, y considerar secundario todo lo demás” (Joyas de los testimonios, tomo 1, p. 24).

(Luego, le entrega un mensaje a Karla para la congregación):

Hermana Karla

(Lee el mensaje que recibió para la iglesia): Querida congregación, les voy a leer un mensaje que manda la sierva del Señor a todos nosotros:

“Las palabras: ‘Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura’ (Marcos 16:15), se dirigen a todos los que siguen a Cristo. Todos los que son ordenados a la vida de Cristo están ordenados para trabajar por la salvación de sus semejantes. Ha de manifestarse en ellos el mismo anhelo que él sintió en su alma por la salvación de los perdidos. No todos pueden desempeñar el mismo cargo, pero hay cabida y trabajo para todos. Todos aquellos a quienes han sido concedidas las bendiciones de Dios deben responder sirviendo realmente; y han de emplear todo don para el progreso de su reino” (Joyas de los testimonios, tomo 3, p. 207).

Ahora, pasemos a escuchar el Misionero de hoy. (Pasa el responsable del Misionero).

Entra un doctor adventista

Buenos días hermana White, como médico necesito saber cómo debo cumplir mi ministerio a favor de la iglesia. Sé que Dios le ha dado luz al respecto y estoy interesado en cumplir lo que el Señor me mande.

Elena G. de White

“El Señor ha ordenado que los médicos y las enfermeras cristianos trabajen en relación con los que predican la Palabra. La obra misionera médica debe estar unida con el ministerio evangélico médico” (Medical Ministry, pág. 240. Año 1908).

(Le entrega el mensaje al médico para que se lo lea a la congregación):

Doctor Adventista

“El médico fiel y el ministro trabajan en la misma obra.  Debieran trabajar en completa armonía. Deben consultarse mutuamente.  Mediante su unidad darán testimonio de que Dios ha enviado a su Hijo unigénito al mundo para salvar a todos los que crean en él como su Salvador personal” (Manuscrito 79, 1900).

A continuación escucharemos el Rumbo de hoy. (Pasa el encargado de leer el rumbo y lo comparte con la congregación).

Colportor

(Entra un colportor y saluda a la hermana Elena, luego le pregunta):

Hermana White, he ido por muchos pueblos y ciudades del país distribuyendo nuestra literatura adventista, pero a veces me siento muy cansado. ¿Dios le ha dado algún mensaje para nosotros los colportores? Deseo saberlo, porque todo lo que viene del don profético es inspirador y alienta el alma.

Elena G. de White

(Toma otro libro y le lee):

“Debidamente desempeñada, la obra del colportor es una obra misionera del más elevado carácter, y para  presentar a las gentes las verdades importantes para nuestros tiempos no se puede emplear método mejor y más afortunado.  No se puede negar la importancia de la predicación, pero muchos que están hambrientos del pan de la vida no tienen el privilegio de oír la palabra de los ministros delegados por Dios.  Por lo tanto es esencial que nuestras publicaciones sean esparcidas por todas partes.  De esta manera llegará el mensaje donde el ministro no puede ir, y la atención de muchos será llamada a los importantes sucesos relacionados con las últimas escenas de la historia de este mundo” (El colportor evangélico, p. 17).

(Entrega un mensaje al colportor para que se lo lea a la congregación):

Colportor

“Dios ha ordenado el colportaje como un medio de presentar a la gente la luz contenida en nuestros libros, y los colportores deben comprender cuán indispensable es presentar al mundo tan pronto como sea posible los libros necesarios para su educación e ilustración espirituales.  Esta es en verdad la obra que el Señor quiere que su pueblo haga en este tiempo.  Todos los que se consagran a Dios para trabajar como colportores están ayudando a dar el último mensaje de amonestación al mundo.  No podemos estimar demasiado altamente esta obra; porque si no fuese por los esfuerzos del colportor, muchos no oirían nunca la amonestación” (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 532.  Año 1900).

A continuación, deseo invitarlos a que cantemos las bellas notas del himno: “Esparcid la luz de Cristo” (Nº 361).

Profesora del colegio adventista

Hermana Elena, vengo a saludarla y a pedirle un consejo para llevar a mi iglesia y a nuestro colegio adventista. ¿Qué mensaje nos ha enviado el Señor a través del don profético?

Elena G. de White:

“Anoche me sentí muy preocupada por la gran obra que tenemos que hacer. Exige la contribución de todas las capacidades que el hombre puede poseer. ¿No ejercitará usted todas sus facultades de tal modo que pueda mantener una perfecta comunión con Jesucristo? Como padres y maestros debemos cooperar con el Maestro divino. Debemos trabajar para restaurar en los seres humanos el concepto de la obligación moral, que se ha perdido. Coopere ahora cada padre con el plan divino, y así llegará a ser colaborador de Dios”.

Por favor, lleve el siguiente mensaje a su iglesia y al colegio donde ejerce su servicio al Señor, (entrega el mensaje):

Profesora del colegio adventista

Queridos hermanos y maestros presentes, el Señor nos ha enviado este mensaje por medio del don profético:

“La comprensión de la voluntad de Dios debe convertirse en el tema de la obra de toda nuestra vida.  Unicamente en la medida en que hagamos esto lograremos educar correctamente a nuestros hijos” (Manuscrito 103, 1902).

“Los padres no pueden cumplir debidamente sus responsabilidades a menos que tomen la Palabra de Dios como una regla de su vida, a menos que comprendan que han de educar y formar el carácter de cada precioso tesoro humano para que finalmente llegue a aprehender la vida eterna” (Manuscrito 84, 1897).

“Si existe un puesto del deber por encima de otro que requiere el cultivo de la mente, donde las facultades intelectuales y físicas requieren un tono saludable y vigoroso, es la educación de los niños” (Pacific Health Journal, junio de 1890).

A continuación, invito a todos los maestros de Escuela Sabática que se pongan de pie porque deseo orar por ellos para que Dios los ayude al impartir el repaso de la lección.

REPASO DE LA LECCIÓN

CONCLUSIÓN

Director del programa de escuela sabática

Apreciados hermanos y hermanas, por medio del don de profecía hemos recibido muchos consejos y dirección divina. Antes de concluir este programa, deseo compartir un mensaje final que nos ha dejado escrito la señora Elena G. de White:

“No hay sino una forma de ganar la victoria, Servid a Dios de todo vuestro corazón porque lo amáis. Plantad los principios de la verdad en vuestra alma y revelad a Cristo en vuestro carácter. Contemplad a Jesús constantemente si queréis avanzar paso tras paso por el sendero angosto preparado para que caminen por el los elegidos del Señor, diciendo en vuestro corazón: “Busco tu voluntad, oh Dios; sigo tu voluntad; sirvo a tu voluntad: puedo ir adelante e iré adelante bajo tu dirección”” (Carta 96, 1895).

Queridos hermanos, “Creed en Jehová, vuestro Dios y estaréis seguros; creed a sus profetas y seréis prosperados” (2do Crónicas 20:20 úp).

Deseo animarlos en el Señor a que lean los escritos de la señora de White. Sus consejos son oportunos para nuestro tiempo. El Señor tiene maravillosos consejos y mensajes poderosos para su pueblo santo.

Antes de hacer la oración final, entonaremos el himno: “Los que aman al Señor” (Nº 385).

Oración final.


[i] Pastor Marcelo Solís, director del Espíritu de Profecía de la Misión Central Salvadoreña.

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Acerca del Sello de Dios

El tema de la salvación se efectúa por obra del Espíritu Santo de forma ordenada:
Primero es el oír la Palabra de Dios que fue inspirada por el Espíritu Santo, Segundo viene el creer por la obra de la convicción del Espíritu Santo (Él convence), y finalmente el sellamiento, que pone sobre el creyente, por así decirlo, como una marca indeleble. Por eso Pablo dijo que “Vosotros también fuisteis incluidos en Cristo cuando oísteis la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación. Y habiendo creído, fuisteis sellados con el Espíritu Santo prometido” (Efesios 1:13).

La Biblia dice que el que sella o santifica es el Espíritu Santo (2 Tim. 2:19), guardándolos hasta el día de la redención (Efesios 4:30). El Espíritu Santo es identificado aquí como el Ser que HACE el sellamiento. Los que son sellados reciben el testimonio interno de que son hijos de Dios (1 Juan 5:10). El sello se coloca sobre todos aquellos que deciden de todo corazón servir a Cristo. El Espíritu Santo nos asegura que las promesas de Dios son verdaderas. Sobre esta base el creyente las acepta por fe.

La recepción del Espíritu Santo en la conversión es la refrendación divina de que el creyente es aceptado, que la aprobación celestial descansa sobre su elección y su vida cristiana. Por eso Pablo dijo que es Dios “quien también nos selló, y puso en nuestro corazón la garantía de su Espíritu” (2 Corintios 1:22).

Se espera que el creyente persevere hasta el fin y sea glorificado cuando Cristo venga. Eso sólo ocurrirá si retiene “firme hasta el fin la confianza y el gloriarse en la esperanza” (Heb. 3:6). El acto del sellamiento no garantiza para siempre la salvación, pues es posible pecar contra el Espíritu Santo y así perder el derecho a la redención (Mateo 12:31, 32; cf. Hebreos 6:4-6). El pecado imperdonable es una serie de actos con los que se ha entristecido o contristado al Espíritu Santo. Por esa razón es importante no cometer ni un solo acto de esa naturaleza.
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Tome en cuenta que hay personas que están en contra del sello visible de Dios (del cuarto mandamiento) y predican herejías (la doctrina de SALVO SIEMPRE SALVO), ellos afirman que el sello de Dios es el Espíritu Santo. La Biblia habla de que el sello de Dios es el nombre de Dios (Carácter) -Véase Apoc. 14:1. El carácter de Dios se manifiesta en tres elementos: En Cristo, en su Santo Espíritu y en su Santa Ley. La dinámica es la siguiente: Nosotros oímos la Palabra de Dios, la creímos y fuimos convertidos (sellamiento) por obra del Espíritu Santo, ahora, convertidos a Cristo Jesús, somos nuevas criaturas en su Nombre, vivimos por Él y para Él en obediencia a sus mandamientos. “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es. Las cosas viejas pasaron, todo es nuevo” (2 Cor. 5:17). “El que dice que está en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:6). “Pero el amor de Dios se perfecciona en verdad, en el que guarda su palabra. Por esto sabemos que estamos en él” (ver. 5).
Finalmente, reflexionemos en lo que dijo Jehová en Isaías 8:16 “Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos”. Recordemos que el sello se le dará a “los siervos de nuestro Dios” (ver Apoc. 7:3; cf. 14:1). También las Escrituras dicen que quienes serían sellados son “los hombres que gimen y claman a causa de todas las abominaciones” (cf. Ezeq. 9:4) que se cometen entre el pueblo de Dios.
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Acerca del SELLO de DIOS es importante observar Apocalipsis 7:2 y3.
El Comentario Bíblico Adventista dice:
Los sellos se usaron en el Cercano Oriente desde los tiempos más antiguos, así como se usan las firmas hoy en día. Así se certificaba quién era el autor de un documento, se indicaba quién era el dueño del objeto sobre el cual se imprimía el sello, o se protegían objetos como baúles, cajones, tumbas, para que no fueran abiertos o violados. Las excavaciones arqueológicas han proporcionado centenares de sellos o impresiones hechas por sellos. Entre ellos hay uno que aparece en el mango (asa) de un jarrón y dice: “Perteneciente a Eliakim, mayordomo de Joaquín”. En Laquis se encontró un sello que dice: “Perteneciente a Gedalías que está sobre la casa”.
El concepto de que Dios coloca una marca sobre su pueblo se remonta a la visión de Ezequiel, cuando vio a un hombre con tintero de escribano que recibió la orden de poner “una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen” en Jerusalén. Los que tuvieran la marca “en la frente” serían salvados de la destrucción (Eze. 9:2-6). El concepto del sellamiento también se aplica en otras circunstancias. Pablo aplicó este símbolo a la experiencia de recibir el Espíritu Santo en relación con la conversión y el bautismo (2 Cor. 1:22; Efe. 1: 13; 4:30). Jesús habló de sí mismo diciendo que era sellado por el Padre, refiriéndose sin duda al testimonio aprobatorio del Padre por medio del Espíritu Santo en ocasión de su bautismo (ver com. Juan 6:27).
El simbolismo del sellamiento halla un paralelo interesante en el pensamiento escatológico judío. Uno de los Salmos de Salomón (obra seudoepigráfica de mediados del siglo 1 a. C.) declara de los justos que “la llama de cuando salga de delante del rostro del Señor contra los pecadores para destruir toda la seguridad de los pecadores, pues la marca de Dios está sobre los justos para salvación. El hambre, la espada y la pestilencia (estarán) lejos de los justos” (15: 4-7). Así se imaginaban los judíos una marca sobre los justos que los protegería del peligro.
El pasaje que estudiamos indica también un sellamiento del pueblo de Dios, que lo preparará para estar firme durante los tiempos espantosos de angustia que precederán al segundo advenimiento de Cristo (ver com. Apoc. 7: 1). En los tiempos antiguos un sello sobre un objeto certificaba quién era el dueño, así también el sello de Dios sobre su pueblo proclama que él lo ha reconocido como suyo (2 Tim. 2:19; cf. TM 446). El sello que se estampará sobre los fieles siervos de Dios es “la pura marca de la verdad”, la “señal” de su “aprobación” (3T 267). Este sello da testimonio de la “semejanza a Cristo en carácter” (EGW, Material Suplementario com. vers. 2). “El sello de Dios, la garantía o señal de su autoridad, se halla en el cuarto mandamiento” (EGW, ST 1 – 11 1899; cf. CS 698). Hay más detalles acerca del sello en comentario de Eze. 9:4.

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