Acerca del Sello de Dios

El tema de la salvación se efectúa por obra del Espíritu Santo de forma ordenada:
Primero es el oír la Palabra de Dios que fue inspirada por el Espíritu Santo, Segundo viene el creer por la obra de la convicción del Espíritu Santo (Él convence), y finalmente el sellamiento, que pone sobre el creyente, por así decirlo, como una marca indeleble. Por eso Pablo dijo que “Vosotros también fuisteis incluidos en Cristo cuando oísteis la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación. Y habiendo creído, fuisteis sellados con el Espíritu Santo prometido” (Efesios 1:13).

La Biblia dice que el que sella o santifica es el Espíritu Santo (2 Tim. 2:19), guardándolos hasta el día de la redención (Efesios 4:30). El Espíritu Santo es identificado aquí como el Ser que HACE el sellamiento. Los que son sellados reciben el testimonio interno de que son hijos de Dios (1 Juan 5:10). El sello se coloca sobre todos aquellos que deciden de todo corazón servir a Cristo. El Espíritu Santo nos asegura que las promesas de Dios son verdaderas. Sobre esta base el creyente las acepta por fe.

La recepción del Espíritu Santo en la conversión es la refrendación divina de que el creyente es aceptado, que la aprobación celestial descansa sobre su elección y su vida cristiana. Por eso Pablo dijo que es Dios “quien también nos selló, y puso en nuestro corazón la garantía de su Espíritu” (2 Corintios 1:22).

Se espera que el creyente persevere hasta el fin y sea glorificado cuando Cristo venga. Eso sólo ocurrirá si retiene “firme hasta el fin la confianza y el gloriarse en la esperanza” (Heb. 3:6). El acto del sellamiento no garantiza para siempre la salvación, pues es posible pecar contra el Espíritu Santo y así perder el derecho a la redención (Mateo 12:31, 32; cf. Hebreos 6:4-6). El pecado imperdonable es una serie de actos con los que se ha entristecido o contristado al Espíritu Santo. Por esa razón es importante no cometer ni un solo acto de esa naturaleza.
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Tome en cuenta que hay personas que están en contra del sello visible de Dios (del cuarto mandamiento) y predican herejías (la doctrina de SALVO SIEMPRE SALVO), ellos afirman que el sello de Dios es el Espíritu Santo. La Biblia habla de que el sello de Dios es el nombre de Dios (Carácter) -Véase Apoc. 14:1. El carácter de Dios se manifiesta en tres elementos: En Cristo, en su Santo Espíritu y en su Santa Ley. La dinámica es la siguiente: Nosotros oímos la Palabra de Dios, la creímos y fuimos convertidos (sellamiento) por obra del Espíritu Santo, ahora, convertidos a Cristo Jesús, somos nuevas criaturas en su Nombre, vivimos por Él y para Él en obediencia a sus mandamientos. “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es. Las cosas viejas pasaron, todo es nuevo” (2 Cor. 5:17). “El que dice que está en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:6). “Pero el amor de Dios se perfecciona en verdad, en el que guarda su palabra. Por esto sabemos que estamos en él” (ver. 5).
Finalmente, reflexionemos en lo que dijo Jehová en Isaías 8:16 “Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos”. Recordemos que el sello se le dará a “los siervos de nuestro Dios” (ver Apoc. 7:3; cf. 14:1). También las Escrituras dicen que quienes serían sellados son “los hombres que gimen y claman a causa de todas las abominaciones” (cf. Ezeq. 9:4) que se cometen entre el pueblo de Dios.
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Acerca del SELLO de DIOS es importante observar Apocalipsis 7:2 y3.
El Comentario Bíblico Adventista dice:
Los sellos se usaron en el Cercano Oriente desde los tiempos más antiguos, así como se usan las firmas hoy en día. Así se certificaba quién era el autor de un documento, se indicaba quién era el dueño del objeto sobre el cual se imprimía el sello, o se protegían objetos como baúles, cajones, tumbas, para que no fueran abiertos o violados. Las excavaciones arqueológicas han proporcionado centenares de sellos o impresiones hechas por sellos. Entre ellos hay uno que aparece en el mango (asa) de un jarrón y dice: “Perteneciente a Eliakim, mayordomo de Joaquín”. En Laquis se encontró un sello que dice: “Perteneciente a Gedalías que está sobre la casa”.
El concepto de que Dios coloca una marca sobre su pueblo se remonta a la visión de Ezequiel, cuando vio a un hombre con tintero de escribano que recibió la orden de poner “una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen” en Jerusalén. Los que tuvieran la marca “en la frente” serían salvados de la destrucción (Eze. 9:2-6). El concepto del sellamiento también se aplica en otras circunstancias. Pablo aplicó este símbolo a la experiencia de recibir el Espíritu Santo en relación con la conversión y el bautismo (2 Cor. 1:22; Efe. 1: 13; 4:30). Jesús habló de sí mismo diciendo que era sellado por el Padre, refiriéndose sin duda al testimonio aprobatorio del Padre por medio del Espíritu Santo en ocasión de su bautismo (ver com. Juan 6:27).
El simbolismo del sellamiento halla un paralelo interesante en el pensamiento escatológico judío. Uno de los Salmos de Salomón (obra seudoepigráfica de mediados del siglo 1 a. C.) declara de los justos que “la llama de cuando salga de delante del rostro del Señor contra los pecadores para destruir toda la seguridad de los pecadores, pues la marca de Dios está sobre los justos para salvación. El hambre, la espada y la pestilencia (estarán) lejos de los justos” (15: 4-7). Así se imaginaban los judíos una marca sobre los justos que los protegería del peligro.
El pasaje que estudiamos indica también un sellamiento del pueblo de Dios, que lo preparará para estar firme durante los tiempos espantosos de angustia que precederán al segundo advenimiento de Cristo (ver com. Apoc. 7: 1). En los tiempos antiguos un sello sobre un objeto certificaba quién era el dueño, así también el sello de Dios sobre su pueblo proclama que él lo ha reconocido como suyo (2 Tim. 2:19; cf. TM 446). El sello que se estampará sobre los fieles siervos de Dios es “la pura marca de la verdad”, la “señal” de su “aprobación” (3T 267). Este sello da testimonio de la “semejanza a Cristo en carácter” (EGW, Material Suplementario com. vers. 2). “El sello de Dios, la garantía o señal de su autoridad, se halla en el cuarto mandamiento” (EGW, ST 1 – 11 1899; cf. CS 698). Hay más detalles acerca del sello en comentario de Eze. 9:4.

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