Para Memorizar Esta Semana

“En el corazón del prudente reposa la sabiduría; pero no es conocida en medio de los necios” (Prov. 14:33).

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Como las Águilas

Como las Águilas

Te caracteriza la fe. El que creas en el Todopoderoso, y el que confíes en el poder de su fuerza es la energía que te impulsa a ser… como las águilas.

 


Lo primero que debes hacer para obtener el éxito es, naturalmente, dejar de ser gallina y convertirte en un águila. Es decir, abandonar ser el hombre o mujer mediocres y atreverte a hacer grandes cosas en la vida.

Sinceramente, mi deseo más ferviente es que cierres tus ojos, y al abrirlos te veas convertido en una exitosa águila. Imagínate viéndote en el espejo, te encontrarás con un verdadero conquistador del éxito, o sea, contigo mismo. Luciendo un plumaje colorido y radiante. ¡Será divertido! ¡Sí! ¡Muy divertido!

Al despertar en la mañana, tu deseo de éxito te impulsará a levantarte muy temprano. Extenderás tus alas para recibir aire fresco y respirarás hasta llenar tus pulmones de oxígeno puro.

Algo extraño pasará por tus pensamientos, y es que ya no te acuerdas del gallinero ni de la granja. Te parecen un lugar extraño, no es tu hábitat. Tu mente sólo piensa en las alturas. Fijas tus ojos de águilas hacia el confín del cielo. Es como si una fuerza natural te impulsara a remontarte hasta las estrellas.

Acostúmbrate a pensar en cosas positivas y a  hablar palabras positivas, y terminarás haciendo cosas positivas.

Piensas por un momento…, dices algunas palabras de positivismo, y descubres que, tu voz tiene un timbre de campeón, y naturalmente, empiezas a cantar en el lenguaje de las águilas una alabanza a tu Creador porque en tu pecho hay una canción y mucha gratitud. El sol empieza a salir, y tú, puedes ver, con certeza y claridad, los rayos de oportunidades que te ofrece ese día. Tu vista es poderosa, nada se te escapa, tienes una amplísima visión de lo que te brinda la vida.

¡Pronto! Sin darle lugar a las dilaciones ni a la indecisión, te cepillas tu enorme y puntiagudo pico, le sacas brillo y queda filoso. Te pones tu traje favorito, ropa de campeón. Trazas un plan, y empiezas a ejecutarlo con libertad y alegría.

¡A volar!

La primera actividad del día es volar. Emprendes el vuelo con agilidad y energía. Ojalá sepas hacia dónde volar. Tu instinto de águila te indica que debes ir a las alturas, traspasar las nubes y volar con libertad. Pronto, la agudeza de tu mente te timbra a la conciencia, anunciándote que debes tener metas y objetivos que le den sentido a tu vuelo y a tu vida de águila. No se trata simplemente de volar. Debes trazarte una ruta y buscar un sentido que verdaderamente tenga significado para ti.

“Desconozco el secreto del éxito, pero sé que el secreto del fallo es tratar de complacer a todo el mundo” –Bill Cosby.

Eres un águila joven e inexperta, pero con grandes expectativas, con mucha energía y con un inmenso deseo de remontarte a las alturas. Tus características naturales de águila, tales como tu gran tamaño, tu constitución robusta, tu cabeza y pico pesados, por todo eso, inicias a pensar que tus metas deben ser grandes, no pequeñas. Dejemos los gusanos a las gallinas, tus presas son más grandes y pesadas. Desde ahora, te darás cuenta que tu vida no es nada fácil, se requerirá de todas tus habilidades naturales de águila, tienes que luchar por la supervivencia y por tu libertad. Debes buscar el éxito, y también, estar dispuesto a pagar el precio con monedas de águilas.

Ya has abandonado el corral y el gallinero, júrate no regresar jamás a ese lugar. Allí están los animales débiles y sin libertad. Tu lugar es donde están las águilas.

Asóciate con otras águilas y aprende de ellas. Conviértete en un amigo y no trates de enseñarles nada por ahora, vive como alumno. Aprende para después enseñar. Luego descubrirás que tu turno de enseñarle a los demás llegará con toda seguridad. No te guardes para ti mismo únicamente, aquello que has recibido. Compártelo. Muchos te lo agradecerán y no te olvidarán.

Vuela con elegancia y energía y tendrás éxito. Aun cuando empiece el invierno y vengan las tormentas, vuela con tanta decisión de manera que nada te detenga. No le tengas miedo a los relámpagos ni a los truenos. No seas como las gallinas de corral que ante cualquier amenaza empiezan a cacarear. En fin, eres un águila, y tu propia naturaleza es volar, volar siempre.

Adquiere nuevas alturas de fe. No importa si las espesas nubes te obstruyen tu paso, vuela más alto que las nubes, y pronto, encontrarás una ruta a tu destino.

Lánzate hacia arriba, en medio de la oscuridad, y emite un agudo chillido de triunfo, y en poco tiempo surgirás en las alturas a la serena luz del sol. La oscuridad y la tempestad quedarán por debajo de ti, y la luz del cielo brillará a tu alrededor. No será fácil, sin embargo. Tuviste que haber pasado antes por la densa oscuridad para alcanzar la luz. Sin embargo, el esfuerzo valdrá la pena, porque la recompensa se paga con lograr el objetivo deseado.

Una escritora norteamericana llamada Elena G. de White lo dijo de la siguiente manera:

El águila de los Alpes es a veces arrojada por la tempestad a los estrechos desfiladeros de las montañas.  Las nubes tormentosas cercan a esta poderosa ave del bosque y con su masa oscura la separan de las alturas asoleadas donde ha construido su nido. Los esfuerzos que hace para escapar parecen infructuosos. Se precipita de aquí para allá, bate el aire con sus fuertes alas y despierta el eco de las montañas con sus gritos. Al fin se eleva con una nota de triunfo y, atravesando las nubes, se encuentra una vez más en la claridad solar, por encima de la oscuridad y la tempestad. Nosotros también podemos hallarnos rodeados de dificultades, desaliento y oscuridad. Nos cerca la falsedad, la calamidad, la injusticia. Hay nubes que no podemos disipar. Luchamos en vano con las circunstancias. Hay una vía de escape, y tan sólo una. Las neblinas y brumas cubren la tierra; más allá de las nubes brilla la luz de Dios. Podemos elevarnos con las alas de la fe hasta la región de la luz de su presencia[1].

Entrega lo mejor de ti a tus metas y sueños. El éxito te sabrá recompensar. No permitas que los pensamientos de gallina te inunden de temor. Tampoco permitas ni el menor pensamiento de fracaso que cruce por tu mente. No olvides que eres un águila.

Cuando surques los cielos y emprendas el viaje, ciertamente te encontrarás con todos los peligros que existen fuera de los peñascos y de las cuevas en las alturas. Vendrán los ataques de otros depredadores, pero tú ya sabes que ninguno te vencerá, porque eres un águila. Tu fortaleza viene de lo alto, de Dios, tu Creador. Así te hizo el Señor, fuerte y valiente. Te hizo un campeón. Estás diseñado para el triunfo.

Lánzate hacia arriba, en medio de la oscuridad, y emite un agudo chillido de triunfo, y en poco tiempo surgirás en las alturas a la serena luz del sol. La oscuridad y la tempestad quedarán por debajo de ti, y la luz del cielo brillará a tu alrededor.

Los desafíos serán grandes. No desafíos de gallinas, las cuales persiguen y picotean a un gusano. Tú tendrás otro tipo de presas, más grades y veloces como la liebre, el venado o una feroz serpiente. Y cuanto más grande seas, mayores serán tu desafíos y amenazas. Adquiere fortaleza cada maña, recíbela del Dios Todopoderoso.

Concentra tus fuerzas en tu objetivo. No disperses energía. No persigas dos liebres a la vez. Atrapa primero a una, y luego, lucha por la segunda. De este modo te estarás asegurando conseguir lo que deseas paso a paso. No pretendas conseguirlo todo de una sola vez. Tal pretensión te puede desconcentrar o en última instancia, desilusionar.

Concéntrate y mantente alerta a las oportunidades en la cacería. Por naturaleza, tus ojos todo lo ven, cada movimiento, y lo mejor, que desde muy lejos. Tu vista es extremadamente aguda. Esto te permite visualizar a tus potenciales presas desde muy lejos. Tienes la ventaja de que posees dos puntos focales en tus ojos, uno para mirar de frente y clavar sin pestañear a tu objetivo, y el otro para localizar la mirada hacia los costados escudriñando la distancia. Eres un águila real; reina del aire.

“No deberíamos permitir que nuestros miedos nos impidan perseguir nuestras esperanzas” –John Fitzgerald Kennedy.

Estoy seguro que cuando tengas tu objetivo en la mira, te lanzarás con tanta velocidad y presteza sin esperar darle ni una sola oportunidad de escape.

Lucha por todo aquello que desees, y actúa con rapidez, porque cuando las oportunidades aparecen hay que atraparlas. Lánzate a la conquista, luego, haz las preguntas que quieras.

Si miras que tu desafío es gigante, no te subestimes. Tu Creador te ha hecho sabiamente. Él te ha creado fuerte y enérgica. Cuentas con tarsos y garras poderosas, y tienes una fuerza tan admirable que puedes alzar en vuelo a una presa más grande que tú. Lánzate a la conquista de la vida, no le temas a nada. Eres una poderosa águila, no una débil y acobardada gallina.

Es preciso confiar en Dios. De esta manera se renovarán las fuerzas, y emprenderás un vuelo más alto y seguro.

“Mas los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán” (Isaías 40:31)[2].

Adquiere nuevas alturas de fe. No importa si las espesas nubes te obstruyen tu paso, vuela más alto que las nubes, y pronto, encontrarás una ruta a tu destino. Ciertamente, el proceso será trabajoso, requerirá determinación, valentía y esfuerzo, pero más allá de la oscuridad, en las alturas, brillarán los serenos rayos del sol. Allá en las alturas está la luz.

En su monumental obra Vivir con valor, el doctor Enrique Chaij, escribió lo siguiente:

Ante los peligros y temores de la vida, o cuando nos azotan las adversidades de diversa índole, o cuando la lucha diaria se vuelve fatigosa, ¡cuán necesario es aprender mirar hacia arriba: elevar el alma y los ojos de la fe, en busca de la ayuda divina! Tanto en la hora de la angustia como de la bonanza, es igualmente útil confiar en Dios para asegurarse el éxito de la vida[3].

Quizá te preguntes por qué las gallinas no hacen lo que hacen las águilas. Bueno, sólo tú tienes la respuesta. Tú vuelas alto y emprendes acciones gigantescas precisamente porque eres un águila. Vives cómo águilas, piensas como águilas, vuelas como águilas, pero sobre todo, no eres vacilante como las gallinas, sino, determinada y segura como las águilas. Te caracteriza la fe. El que creas en el Todopoderoso, y el que confíes en el poder de su fuerza es la energía que te impulsa a ser… como las águilas.

 

 

 

Referencias:


[1] Elena G. de White. La educación, páginas 119, 120.

[2] A menos que se indique lo contrario, los textos bíblicos usados en este libro han sido tomados de la Reina Valera 1995.

[3] Enrique Chaij. (1992). Vivir con valor: fuente de prosperidad y bienestar. Miami, Fl.: Asociación Publicadora Interamericana, páginas 221, 222.

 

Concepto clave para el crecimiento espiritual

“En la vida cristiana, la fidelidad vence sobre el deseo de querer ser el primero” (Material auxiliar para el maestro, pág. 49).

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Se nos aconsejó: “Debemos usar todos los medios justificables para presentar la luz delante de la gente. Utilícese la prensa, y empléese todo elemento de propaganda que pueda llamar la atención hacia la obra” (El evangelismo, página 99).

“Se concebirán nuevos medios para alcanzar los corazones. En esta obra se utilizarán algunos métodos que serán diferentes de los empleados en el pasado” (El evangelismo, página 81).

-Ver el Manual de la Iglesia, páginas 163-165, 184-185. -Revisión 2005.


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